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Psicologa Marta Fernandez

SUICIDIO:¿COMO LO ENTIENDO Y COMO LO ABORDARIA DESDE UNA PERSPECTIVA RELACIONAL?

El suicidio es una de las experiencias humanas más complejas y difíciles de abordar, tanto clínica como socialmente. Desde el psicoanálisis relacional, el suicidio se entiende como el sufrimiento que puede llevar a una persona a desear morir, no únicamente como un fenómeno interno, sino como el resultado de una historia de vínculos significativos.

La psicoterapia relacional parte de una premisa fundamental: la mente se construye en interacción con otras personas. Desde los primeros vínculos, especialmente en la infancia, aprendemos si somos dignos de amor, si nuestras emociones tienen lugar y si el mundo es un espacio seguro o amenazante.

Cuando estas experiencias tempranas están marcadas por la falta de reconocimiento, la invalidación o el abandono, el self puede desarrollarse de manera frágil. En este contexto, el sufrimiento no es solo intrapsíquico, sino profundamente vinculado a la experiencia de no haber sido suficientemente visto, validado, sostenido o comprendido.

Desde esta perspectiva, el suicidio no se entiende únicamente como un deseo de morir, sino como la expresión extrema de un dolor que no ha encontrado lugar en la relación con otros.

En muchos casos, el acto suicida puede leerse como un intento desesperado de poner fin a una experiencia relacional intolerable: vivir sintiéndose invisible, rechazado o profundamente desconectado.

Las experiencias relacionales fallidas no solo generan tristeza o ansiedad, sino también emociones más difíciles de simbolizar, como la vergüenza profunda o el vacío existencial. Estas vivencias afectan directamente la cohesión del self.

La persona puede sentirse:

  • Defectuosa o inadecuada
  • Indigna de amor o cuidado
  • Desconectada de sí misma y de los demás

Así pues, el suicidio puede entenderse como:

  • Un intento de escapar de un dolor relacional insoportable
  • Una forma extrema de comunicación cuando no hay palabras posibles
  • Un acto que expresa desesperanza respecto a ser reconocido o a ser comprendido por otros

No es simplemente «querer morir», sino muchas veces no poder seguir existiendo en la forma en que se está siendo con los otros.

Otro aspecto central desde este enfoque es la tendencia a repetir patrones vinculares. Las personas, de manera no consciente, pueden reproducir relaciones muy similares a sus experiencias tempranas: no ser escuchadas, ser rechazadas o no tener un lugar.

Esto no responde a una elección deliberada, sino a formas aprendidas de estar en el mundo. En este sentido, el sufrimiento se mantiene no solo por lo que ocurrió en el pasado, sino por cómo esos patrones siguen organizando la experiencia presente.

La relación terapéutica como espacio transformador

La psicoterapia relacional propone que el cambio ocurre, fundamentalmente, en el encuentro con otro. La relación terapéutica se convierte en un espacio donde puede emerger una experiencia distinta:

  • Ser escuchado sin juicio
  • Sentirse reconocido en la propia experiencia
  • Explorar emociones que antes no tenían lugar
  • Construir nuevos significados sobre uno mismo

El terapeuta no es un observador distante, sino un participante activo en la relación. A través de una presencia auténtica y comprometida, se abre la posibilidad de reparar, al menos parcialmente, las heridas relacionales previas.

Hablar del suicidio desde la psicoterapia relacional implica, ante todo, sostener una mirada profundamente humana. No se trata de explicar el acto, sino de comprender el sufrimiento. La disposición del psicoterapeuta a estar presente, a tolerar la incertidumbre y ofrecer un vínculo, quizás pueda ayudar a reabrir la posibilidad de seguir viviendo.

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